Esta tarde no bailan las golondrinas, ni salpican mis pies cuando surcan el agua. Esta tarde no oigo el ruiseñor, ni huele a romero el campo. El cerezo observa su reflejo en el espejo de la charca y yo me acuerdo de ti, ocaso serrano. Dormid tranquilos, ahora que no estoy. Despertad alegres, y acordaos de mí. Otros llegaron, y ahora os ocupan pero yo… os amo… y ellos… tan solo escuchan. Guardadme un lugar humilde al que poder volver, en el que guarecerme cuando llegue el frio. Esta tarde hace calor, y en la calle de mi casa algarabía. Esta tarde me dejé llevar y.... hasta aquí os he traído.